Sunday, July 19, 2009

Extraviado

Por primera vez en la vida, tuvo miedo de mirarse en el espejo.
El temor al reflejo gris, a la bestia verde, a la hipocresía indiferente.
Se vio y no se reconoció; lloró.
Un nudo en la boca del estómago, un nudo en el pecho, uno en la garganta, en los riñones y en la cabeza. Un nudo más en los tobillos; cae, y un nudo en el corazón. Cinco minutos después, se vuelve todo un solo nudo que se aprieta cuando respira y se retuerce, aún más, cuando late en intento mediocre por permanecer. Agonizante.

Y ahí va, deambulando por inercia entre la ficción y el terror; esquivando a la muerte y soplándole el humo en la cara…

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